Con la lectura de la fórmula propia del rito de canonización, esta mañana el Papa Francisco declaró santos a San Juan Pablo II y San Juan XXIII, en una ceremonia histórica y sin precedentes en la que están reunidos cuatro Pontífices, con la participación del Sumo Pontífice Emérito Benedicto XVI.

 En una Plaza de San Pedro totalmente abarrotada desde las primeras horas de la mañana, el Santo Padre preside la Misa en la que ya se han rezado las letanías de los santos y en la que el coro y la multitud han entonado los himnos dedicados a ambos. Luego el Papa Francisco ha escuchado el pedido del Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, Cardenal Angelo Amato, quien, de acuerdo al rito de la canonización, solicitó tres veces que se declare santos a Juan Pablo II y a Juan XXIII.

Tras escuchar la “tertia petitio”, Francisco pronunció la fórmula de la canonización con la que Juan Pablo II y Juan XXIII han sido declarados santos en este Domingo de la Misericordia, la misma ocasión en la que en el año 2005 falleció el Papa polaco.

Esta es la fórmula que leyó el Papa para declarar santos a San Juan Pablo II y San Juan XXIII:

  “Por honor de la Santísima Trinidad, exaltación de la fe católica y el incremento de la vida cristiana, por la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo y de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, y nuestra luego de una adecuada deliberación y tras frecuente oración pidiendo la asistencia divina y habiendo recibido el consejo de muchos de nuestros hermanos obispos declaramos y definimos Santos a los Beatos Juan XXIII y Juan Pablo II y los inscribimos en el libro de los santos y establecemos que en toda la Iglesia ambos sean devotamente honrados En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

Hoy queremos agradecerles a nuestros lectores de Monaguillos Católicos que nos han seguido este año y han ayudado para que el oficio del acólito sea cada vez mas conocido y tenga un apoyo en la web como lo es esta pagina. 


Estamos contentos con la gestión que realizamos este año en la cual creció nuestra audiencia y año en el cual trabajamos de una manera paulatina para traer a ustedes nuevos artículos y noticias que ayuden a conocer la fe y perseverar en Cristo nuestro Señor. Esperamos que el próximo nuevo año sea para todos ustedes un año de Paz, Amor, Alegría y de compartir con nuestras familias y nuestros conocidos la llegada del fin de año en un ambiente de armonía.

Que en estas fiestas de fin de año no solo recordemos los bueno y lo malo del año que dejamos, sino también la presencia continua de Dios que sigue viva en nosotros a través de los tiempos y que nos permite que comencemos un nuevo feliz año con buena salud y con muchas metas por alcanzar, por muchos sueños que cumplir y con nuevos proyectos a encontrar. Pidamos al niño de belén que acaba de nacer que nos ayude a realizarnos y ayudar a realizar a los demás conservando la vocación del servicio a los demás que como cristianos debemos de tener.

Pidamos también a nuestra Madre que está en el cielo María Santísima que el nuevo año que en unas horas comenzamos este lleno de éxitos y pidamos que interceda ante nuestro Señor para que los problemas que afronta nuestro turbulento mundo, se resuelvan en Paz, para que se acaben las divisiones y para que todos nos demos cuenta de la necesidad de ayudar a nuestros hermanos mas necesitados que sufren a causa de estas mismas divisiones, recordemos a nuestros hermanos perseguidos a causa de la fe en el medio oriente, a nuestros hermanos protestantes y evangélicos, que viven por fuera de la fe y a todos los que no creen para que los ilumine el espíritu santo y la gracia de Dios y les de el don de la fe.

Que pasen un feliz fin de año en compañía de Cristo nuestro Señor y de la Santísima Virgen María...e igualmente reciban el feliz año nuevo!!!


-Es servir a Dios en el altar.

- Es ayudar sin esperar.

- Es estar mas cerca de la presencia real de Cristo en la Eucaristía.

- Es demostrarle a Dios cuanto lo amo y por eso le dedico un poco mas de tiempo de lo que lo hace el común.

- Es estar orgulloso de ser un Cristiano Católico fiel y amante de la Iglesia al que no le da miedo ni pena cantar o responder en la misa.

- Es adquirir valores que me ayudaran a formarme como persona en un futuro y a ser un mejor Católico practicante.

- Es encontrar a través de los valores que me proporciona la Iglesia mientras le estoy sirviendo, mi vocación a ser un gran sacerdote, un mejor religioso, un buen esposo o un buen laico comprometido que desde cualquier estado de vida puede servirle a la Iglesia , sin temor a orar con sus hermanos en cristo, sin temor de cantar con ganas durante la Eucaristía y los actos religiosos, que no le da miedo compartir su fe tanto con los que son católicos, como con los que no lo son, sin miedo de orarle a Dios por si mismo y por los demás, que a pesar de que el mundo lo critique y le de la espalda y se sienta derrotado por los problemas sepa descubrir que a pesar de esos problemas, Dios nunca nos abandona porque su Amor incondicional es eterno.


FELIZ NAVIDAD Y PROSPERO AÑO NUEVO!!!...LES DESEA +Monaguillos Católicos 
Hace más de dos mil años tres reyes magos de Oriente partieron hacia Jerusalén al encuentro de un niño que estaba a punto de nacer. Ellos no conocían al recién nacido ni tampoco a los padres, pero sabían que aquel niño iba a ser el rey de los judíos. Llevaron consigo, con inmensa alegría, regalos dignos de tan importante acontecimiento. En cierto sentido hoy la realidad guarda alguna similitud con aquel momento histórico. Las calles se van vistiendo de fiesta, y sin darnos cuenta, los regalos se van volviendo protagonistas de este tiempo. Los centros comerciales tienen el tiempo más fuerte de ventas del año, y la publicidad inunda todos los rincones de la ciudad invitándonos a tener un presente para cada uno de nuestros seres queridos. Ofrecer regalos en Navidad es una bonita costumbre, y nos ayuda a darle importancia a este tiempo. Muchas veces, sin costumbre, olvidamos realmente quién es ese rey que le da sentido a la fiesta y por qué es tan importante celebrar su nacimiento, incluso dos mil años después de haber ocurrido. Por ello es bueno preguntarnos: ¿Por qué es importante celebrar el nacimiento de Jesús? ¿Qué relación tiene con mi vida personal y con la vida de la humanidad?


SIGUIENDO EL SIGNO DE LA ESTRELLA

Luego del pecado orginal la experiencia de dolor, ruptura y sufrimiento se hizo cotidiana, y el hombre clamaba a Dios por la salvación del pecado. En el gran marco de la historia de la salvación, el Pueblo de Israel fue elegido por Dios para ser destinatario de una promesa: Dios no dejaba solos a los hombres sino que los liberaría del pecado y de la muerte, les daría salvación. Los profetas habían anunciado de muchas maneras que "Dios estaba cerca" y que pronto sería enviado un Salvador. Si bien los reyes magos no pertenecían al pueblo judío, vieron en "una estrella" un signo del cumplimiento de aquellas profecías y decidieron ponerse en marcha.

Siguiendo la entrella los reyes encontraron la pobre aldea de Belén, donde vieron que otra promesa-signo se había cumplido: el Salvador anunciado por los profetas había nacido de una Virgen, cumpliendo así las palabras del profeta Isaías: «He aquí que una virgen está en cinta y va a dar a luz un hijo». El recién nacido no era un rey más del pueblo judío, sino que era el Salvador que Dios Padre había mandado para redimir a la humanidad. Era el Emmanuel, el «Dios con nosotros», el Hijo del Padre que venía a la tierra para reconciliar a los hombres con Dios. Era elgo inaudita, pues Dios, el Todopoderoso y Eterno, a quien nadie podía ver, se hizo uno de nosotros, asumiendo la fragilidad y debilidad de la condición humana en todo menos en el pecado.

En Belén, hace dos mil años, ocurría así algo que superaba cualquier expectativa, algo que iba más allá de lo que cualquier profeta, maestro o rey de las innumerables culturas y pueblos podía imaginar: Dios se hacía presente en el mundo por medio de su Hijo. Quizás no siempre somos capaces de dar a este acontecimiento toda la importancia que tiene para nuestra propia felicidad. Dios es "Alguien" que no sólo todo lo puedo y todo lo sabe, sino que ha salida a nuestro encuentro por amor. Él nos conoce plenamente de manera personal y es Alguien con quien nos podemos relacionar y entablar una amistad real. Dios se hizo hombre para reconciliarnos y mostrarnos quiénes somos realmente. Él se encarnó por todos y cada uno de nosotros. ¿Cómo responder a este inmenso regalo que Dios nos hace? ¿Cómo respondera este don?


CREER EN DIOS Y CREERLE A DIOS

No es difícil constatar que estamos en un mundo donde hay constantemente grandes progresos tecnológicos y científicos. Esto nos podría llevar a pensar que el mundo progresa para bien. La medicina, los medios de comunicación, las posibilidades económicas, ofrecerían una cierta seguridad ante el futuro. Sin embargo, junto a ello descubrimos también que se nos puede hacer cada vez más difícil creer en lo que no vemos, en lo que no podemos medir y constatar por medio de los sentidos. Por otra parte, en no pocas situaciones los mismos "progresos" logrados muestran sus límites y carencias. Crece así en nosotros una cierta insatisfacción que nos lleva a constatar que en esos progresos materiales no están todas las respuestas. En el fondo de nuestros corazones nos damos cuenta de que no podemos vivir sólo de las cosas materiales sino que «tenemos necesidad de amor, de significado y de esperanza, de un fundamento seguro, de un terreno sólido que no ayude a vivir con un sentido auténtico también en la crisis, las oscuridades, las dificultades y los problemas cotidianos».

Eso fue lo que descubrió y vivió la Virgen en Nazaret. Su apertura a Dios hizo posible que el Señor Jesús se encarnara para vivir, morir y resucitar por nosotros. Ella no sólo creyó en Dios, sino que también le creyó a Dios, y por eso no dudó en pronunciar aquel "Hágase en mí según tu Palabra" que dio paso a nuestra salvación. La Madre nos enseñó así que también nosotros debemos vivir «un confiado entregarse a un "Tú" que es Dios, quien me da una certeza distinta, pero no menos sólida que la que me llega del cálculo exacto o de la ciencia».

Santa María cree en Dios no porque necesita inventarse algo para explicar lo que no entiende. Cree porque, apertura a la gracia divina, reconoce a Dios como fundamento último de toda su vida, reconoce a Dios que Amor y que «no puede engañarse ni engañarnos». Ella tiene la certeza de que Dios existe y que ama a los suyos, y que Él obra para salvar a la humanidad. La Virgen María nos enseña que la fe no es una irracionalidad o un absurdo, sino una respuesta de Alguien. Es una respuesta a Dios que quiere caminar junto a nosotros, encontrarse cara a cara con nosotros, para conducirnos al encuentro pleno y definitivo con Él. Nuestra fe no es creencia en una deidad abstracta, sino es fe en Jesucristo, verdadero hombre y verdadero Dios, que se entregó por nosotros los hombres para nuestra salvación.

Novena de Navidad para descargar

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Para que recemos en familia con la novena tradicional de Navidad y pidamos al niño Jesús que nazca en nuestros corazones.



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La Iglesia en su misión de ir por el mundo llevando la Buena Nueva ha querido dedicar un tiempo a profundizar, contemplar y asimilar el Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios; a este tiempo lo conocemos como Navidad. Cerca de la antigua fiesta judía de las luces y buscando dar un sentido cristiano a las celebraciones paganas del solsticio de invierno, la Iglesia aprovechó el momento para celebrar la Navidad.

En este tiempo los cristianos por medio del Adviento se preparan para recibir a Cristo,"luz del mundo" (Jn 8, 12) en sus almas, rectificando sus vidas y renovando el compromiso de seguirlo. Durante el Tiempo de Navidad al igual que en el Triduo Pascual de la semana Santa celebramos la redención del hombre gracias a la presencia y entrega de Dios; pero a diferencia del Triduo Pascual en el que recordamos la pasión y muerte del Salvador, en la Navidad recordamos que Dios se hizo hombre y habitó entre nosotros.

Así como el sol despeja las tinieblas durante el alba, la presencia de Cristo irrumpe en las tinieblas del pecado, el mundo, el demonio y de la carne para mostrarnos el camino a seguir. Con su luz nos muestra la verdad de nuestra existencia. Cristo mismo es la vida que renueva la naturaleza caída del hombre y de la naturaleza. La Navidad celebra esa presencia renovadora de Cristo que viene a salvar al mundo.

La Iglesia en su papel de madre y maestra por medio de una serie de fiestas busca concientizar al hombre de este hecho tan importante para la salvación de sus hijos. Por ello, es necesario que todos los feligreses vivamos con recto sentido la riqueza de la vivencia real y profunda de la Navidad.

Por último, es necesario recordar que durante la Navidad celebramos en tres días consecutivos, 26, 27 y 28 de diciembre, tres fiestas que nos hacen presente la entrega total al Señor :

San Esteban, mártir que representa a aquellos que murieron por Cristo voluntariamente.

San Juan Evangelista, que representa aquellos que estuvieron dispuestos a morir por Cristo pero no los mataron. San Juan fue el único Apóstol que se arriesgó a estar con La Virgen al pie de la cruz.

Los Santos Inocentes que representan a aquellos que murieron por Cristo sin saberlo.

Fuente: http://ec.aciprensa.com/n/navidad.htm
Un sábado de 1531 a principios de diciembre, un indio llamado Juan Diego, iba muy de madrugada del pueblo en que residía a la ciudad de México a asistir a sus clases de catecismo y a oír la Santa Misa. Al llegar junto al cerro llamado Tepeyac amanecía y escuchó una voz que lo llamaba por su nombre.

Él subió a la cumbre y vio a una Señora de sobrehumana belleza, cuyo vestido era brillante como el sol, la cual con palabras muy amables y atentas le dijo: "Juanito: el más pequeño de mis hijos, yo soy la siempre Virgen María, Madre del verdadero Dios, por quien se vive. Deseo vivamente que se me construya aquí un templo, para en él mostrar y prodigar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa a todos los moradores de esta tierra y a todos los que me invoquen y en Mí confíen. Ve donde el Señor Obispo y dile que deseo un templo en este llano. Anda y pon en ello todo tu esfuerzo".

De regresó a su pueblo Juan Diego se encontró de nuevo con la Virgen María y le explicó lo ocurrido. La Virgen le pidió que al día siguiente fuera nuevamente a hablar con el obispo y le repitiera el mensaje. Esta vez el obispo, luego de oir a Juan Diego le dijo que debía ir y decirle a la Señora que le diese alguna señal que probara que era la Madre de Dios y que era su voluntad que se le construyera un templo.

De regreso, Juan Diego halló a María y le narró los hechos. La Virgen le mandó que volviese al día siguiente al mismo lugar pues allí le daría la señal. Al día siguiente Juan Diego no pudo volver al cerro pues su tío Juan Bernardino estaba muy enfermo. La madrugada del 12 de diciembre Juan Diego marchó a toda prisa para conseguir un sacerdote a su tío pues se estaba muriendo. Al llegar al lugar por donde debía encontrarse con la Señora prefirió tomar otro camino para evitarla. De pronto María salió a su encuentro y le preguntó a dónde iba.

El indio avergonzado le explicó lo que ocurría. La Virgen dijo a Juan Diego que no se preocupara, que su tío no moriría y que ya estaba sano. Entonces el indio le pidió la señal que debía llevar al obispo. María le dijo que subiera a la cumbre del cerro donde halló rosas de Castilla frescas y poniéndose la tilma, cortó cuantas pudo y se las llevó al obispo.

Una vez ante Monseñor Zumarraga Juan Diego desplegó su manta, cayeron al suelo las rosas y en la tilma estaba pintada con lo que hoy se conoce como la imagen de la Virgen de Guadalupe. Viendo esto, el obispo llevó la imagen santa a la Iglesia Mayor y edificó una ermita en el lugar que había señalado el indio.

Pio X la proclamó como "Patrona de toda la América Latina", Pio XI de todas las "Américas", Pio XII la llamó "Emperatriz de las Américas" y Juan XXIII "La Misionera Celeste del Nuevo Mundo" y "la Madre de las Américas".

La imagen de la Virgen de Guadalupe se venera en México con grandísima devoción, y los milagros obtenidos por los que rezan a la Virgen de Guadalupe son extraordinarios.
En alguna ocasión podemos haber escuchado decir que los católicos somos idólatras porque ponemos a la Virgen María al mismo nivel que a Dios. Una afirmación como ésta desconoce la enseñanza de la Iglesia sobre Santa María así como las actitudes que nos invita a tener con la Madre de Jesús.

En primer lugar es fundamental comprender que el lugar que tiene María en la vida cristiana de los discípulos del Señor Jesús brota de la misma fe. «El ¿Cómo me ayuda María a vivir mi fe? papel de María con relación a la Iglesia es inseparable de su unión con Cristo, deriva directamente de ella» ..nos enseña el Catecismo... Es Cristo mismo quien nos ha señalado a su Madre. Él nos ha invitado a amarla como hijos suyos y a ver en Ella un ejemplo a seguir. El pasaje de la crucifixión que nos trae el Evangelio de San Juan es elocuente: «Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Clopás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: "Mujer, ahí tienes a tu hijo". Luego dice al discípulo: "Ahí tienes a tu madre". Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa».

Desde los primeros siglos de su peregrinar, la Iglesia recibió este pasaje evangélico como una clara indicación del Señor Jesús a la que los cristianos debemos adherirnos con fe. Porque creemos en el Señor Jesús creemos también lo que Él nos dice. Así lo entendieron los apóstoles y los primeros discípulos, como se puede ver en los Hechos de los Apóstoles. Esa misma fue la fe que recibieron y profundizaron los Padres de la Iglesia y la que desde entonces se ha transmitido de generación en generación en la Tradición eclesial. Esa es la fe de la Iglesia que el Magisterio ha custodiado y enseñado ininterrumpidamente.

Sobre esta base sólida, pues, creemos con fe firme que Dios escogió desde todos los tiempos a una Mujer para que sea la Madre virginal de su Hijo; que Ella cooperó con fe y obediencia ejemplares a la obra de la reconciliación; que por designio del mismo Jesús, así como es Madre de Cristo Cabeza, Ella es también Madre de todos los hombres que forman el Cuerpo de Cristo; que desde su Asunción al Cielo Ella sigue intercediendo por nosotros ante su Hijo y es modelo acabado de virtud y ejemplo para nuestra vida cristiana. Por ello, nos dice el Concilio Vaticano II, «la Iglesia no duda en confesar esta función subordinada de María, la experimenta continuamente y la recomienda a la piedad de los fieles para que, apoyados en esta protección maternal, se unan con mayor intimidad al Mediador y Salvador».

En el cántico del Magnificat, la Virgen Madre dice de sí misma: «todas las generaciones me llamarán bienaventurada porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí». Con humildad, Ella misma reconoce las maravillas que el Señor ha obrado a través suyo y que serán causa de alegría y devoción para todas las generaciones. Así, pues, «la piedad de la Iglesia hacia la Santísima Virgen es un elemento intrínseco del culto cristiano». Al respecto nos enseña el Catecismo una distinción muy importante: «La Santísima Virgen "es honrada con razón por la Iglesia con un culto especial. Y, en efecto, desde los tiempos más antiguos, se venera a la Santísima Virgen con el título de 'Madre de Dios', bajo cuya protección se acogen los fieles suplicantes en todos sus peligros y necesidades [...] Este culto [...] aunque del todo singular, es esencialmente diferente del culto de adoración que se da al Verbo encarnado, lo mismo que al Padre y al Espíritu Santo, pero lo favorece muy poderosamente" (Lumen gentium, 66)».

Los católicos, pues, no adoramos a María. Dios -Padre, Hijo y Espíritu Santo- es el único a quien rendimos adoración pues es el único Dios. A María le profesamos veneración, un profundo amor de hijos siguiendo la indicación del mismo Jesús y buscamos acoger en nuestra vida la función dinámica que Ella, por designio de Dios, tiene en la vida de todo cristiano.

El Año de la fe es un tiempo de gracia para profundizar en lo que nos enseña la fe de la Iglesia sobre Santa María y su lugar en la obra de la reconciliación, así como para renovarnos en nuestra adhesión al sendero de la piedad filial que el Señor Jesús nos invita a recorrer como un camino de amor y de encuentro pleno con Él.


MARÍA NOS PRECEDE EN LA FE

El segundo aspecto en el que podemos detenernos es en considerar el ejemplo de María, particularmente como modelo de fe. El Papa Benedicto XVI hace una magnífica síntesis que nos muestra cómo toda la vida de la Virgen está construida sobre el sólido cimiento de la fe: «Por la fe, María acogió la palabra del Ángel y creyó en el anuncio de que sería la Madre de Dios en la obediencia de su entrega (ver Lc 1,38). En la visita a Isabel entonó su canto de alabanza al Omnipotente por las maravillas que hace en quienes se encomiendan a Él (ver Lc 1,46-55). Con gozo y temblor dio a luz a su único hijo, manteniendo intacta su virginidad (ver Lc 2,6-7). Confiada en su esposo José, llevó a Jesús a Egipto para salvarlo de la persecución de Herodes (ver Mt 2,13-15). Con la misma fe siguió al Señor en su predicación y permaneció con Él hasta el Calvario (ver Jn 19,25-27). Con fe, María saboreó los frutos de la Resurrección de Jesús y, guardando todos los recuerdos en su corazón (ver Lc 2,19.51), los transmitió a los Doce, reunidos con ella en el Cenáculo para recibir el Espíritu Santo (ver Hch 1,14; 2,1-4)».

La respuesta de fe de Santa María es, pues, para todos nosotros modelo de adhesión dócil y obediente al Plan de Dios. Ella «realiza de la manera más perfecta la obediencia de la fe», y por ello «la Iglesia venera en María la realización más pura de la fe».

Todo esto nos lleva a preguntarnos: ¿qué puedo hacer para profundizar en la fe que he recibido? Siendo la fe un don -recibido en nuestro Bautismo- requiere sin embargo de nuestra adhesión personal y del asentimiento libre a toda la verdad que Dios nos ha manifestado. Este camino de crecimiento y profundización en la fe se alimenta constantemente de la oración en la que, como aquel hombre del Evangelio, pedimos: ¡creo, Señor, pero aumenta nuestra fe! En este camino el ejemplo y modelo de nuestra Madre María es un auxilio permanente. Por un lado, Ella sigue intercediendo por nosotros, buscando que el Señor Jesús crezca en el corazón de cada uno de sus hijos. Por ello pidamos su intercesión, no dudemos en poner bajo su manto maternal nuestras intenciones y preocupaciones. Por otro lado, su propia vida de fe, de la que nos da cuenta la Sagrada Escritura, es una fuente de meditación en la que encontraremos aliento y guía para nuestro propio camino.

Santa María nos precede en la fe y nos da ejemplo de haber construido su existencia sobre la roca firme de la fe. Ella creyó lo que el Señor le reveló, guardó y meditó en su corazón inmaculado la Palabra de Dios y buscó siempre ponerla por obra. No encontramos separación alguna entre lo que María cree y lo que vive. Por el contrario, Ella es modelo de una vida unificada en la fe que anuncia con todo su ser que Jesús es el Salvador del mundo.

Enlace: http://caminohaciadios.com/chd-por-numero/448-231-como-me-ayuda-maria-a-vivir-mi-fe

USO DEL INCENSARIO

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El incensario se utiliza en las ceremonias solemnes, durante los siguientes momentos: 

  1.  En la procesión de entrada, lo lleva el "turiferario" (que es el nombre del acólito o monaguillo que se encarga del incensario). Sólo lo lleva ondeando de forma lateral alrededor de 90 grados (45° a la izquierda y más o menos en ángulo similar a la derecha). El incensario se toma con la mano izquierda en la punta de la cadena, y con la derecha un poco más abajo, que es la que proporciona el vaivén. 
  2.  Cuando el sacerdote llega al presbiterio, el turiferario se lo entrega y el sacerdote inciensa el altar, el sagrario y el santo patrono de la iglesia. Después lo entrega de nuevo al turiferario y éste se retira. 
  3. Durante el evangelio, de nueva cuenta entrega el turiferario el incensario al sacerdote para que inciense el evangelio. Cuando termina de inciensar lo entrega al turiferario y este permanece a un lado hasta que termina el evangelio. 
  4. Durante el ofertorio, después de que el sacerdote se lava las manos, de nueva cuenta se entrega el incensario al sacerdote para que inciense el altar. 
  5. Durante la consagración, el turiferario debe hincarse al frente del altar, y al momento de que el sacerdote levanta el pan el turiferario lo inciensa por tres veces hacia adelante, en tres ocasiones. Esto es, levanta el inciensario e inciensa uno, dos, tres. Después baja el incensario y otra vez, uno, dos, tres. Y una vez más. Igual se hace 3 x 3 cuando el sacerdote levanta el cáliz. 
  6. Generalmente no se utiliza el incensario en la procesión de salida (donde sólo se lleva como en la entrada). Sin embargo, esto depende del gusto del sacerdote celebrante, por lo que vale la pena preguntarle antes que si quiere se use el incensario al final. 


Queridos monaguillos:


Vuestro compromiso en el altar no es sólo un deber, sino un gran honor, un auténtico servicio santo. Quisiera ofreceros algunas reflexiones a propósito de este servicio. La túnica del monaguillo es particular. Recuerda al vestido que lleva quien es acogido en Jesucristo en la comunidad. Me refiero al vestido bautismal cuyo significado profundo explica san Pablo: "Todos los bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo" (Gál 3, 27).

Si bien a vosotros, queridos monaguillos, os queda ahora ya muy pequeño el vestido bautismal, os habéis revestido con el de los monaguillos. Sí, el bautismo es el punto de partida de vuestro "auténtico servicio litúrgico", que os pone al lado de vuestros obispos, sacerdotes y diáconos (cf. Sacrosanctum Concilium, n. 29).

El monaguillo ocupa un puesto privilegiado en las celebraciones litúrgicas. Quien ayuda a misa, se presenta ante una comunidad. Experimenta de cerca que en todo acto litúrgico Jesucristo está presente y actúa. Jesús está presente cuando la comunidad se reúne para rezar o alabar a Dios. Jesús está presente en la Palabra de las sagradas Escrituras. Jesús está presente sobre todo en la Eucaristía, en los signos del pan y del vino. ... Él actúa por medio del sacerdote que "in persona Christi" celebra la santa misa y administra los sacramentos.

De este modo, en la Liturgia sois mucho más que simples "ayudantes del párroco". Sois sobre todo servidores de Jesucristo, del eterno Sumo Sacerdote. Así, vosotros, monaguillos, estáis llamados en particular a ser jóvenes amigos de Jesús. Profundizad y cultivad esta amistad con Jesús. Descubriréis que habéis encontrado en Jesús un auténtico amigo para toda la vida.

Con frecuencia el monaguillo lleva en su mano una vela. Recuerda a lo que dijo Jesús en el Discurso de la Montaña: "Vosotros sois la luz del mundo" (Mt 5,14). Vuestro servicio no puede quedar limitado al interior de la Iglesia. Debe irradiarse en la vida de todos los días: en la escuela, en la familia y en los diferentes ámbitos de la sociedad. Pues quien quiere servir a Jesucristo dentro de la iglesia tiene que ser su testigo por doquier.

¡Queridos niños! Vuestros contemporáneos esperan la auténtica "luz del mundo (cf. Jn 1,9). No tengáis vuestro candelero sólo dentro de la iglesia, llevad la llama del Evangelio a todos los que están en las tinieblas y viven un momento difícil de su existencia.
Bendición Urbi et Orbi:


Hermanos y hermanas, buenas tardes.
Sabéis que el deber del cónclave era dar un Obispo a Roma. Parece que mis hermanos Cardenales han ido a buscarlo casi al fin del mundo..., pero aquí estamos. Os agradezco la acogida. La comunidad diocesana de Roma tiene a su Obispo. Gracias. Y ante todo, quisiera rezar por nuestro Obispo emérito, Benedicto XVI. Oremos todos juntos por él, para que el Señor lo bendiga y la Virgen lo proteja.
(Padre nuestro. Ave María. Gloria al Padre).
Y ahora, comenzamos este camino: Obispo y pueblo. Este camino de la Iglesia de Roma, que es la que preside en la caridad a todas las Iglesias. Un camino de fraternidad, de amor, de confianza entre nosotros. Recemos siempre por nosotros: el uno por el otro. Recemos por todo el mundo, para que haya una gran fraternidad. Deseo que este camino de Iglesia, que hoy comenzamos y en el cual me ayudará mi Cardenal Vicario, aquí presente, sea fructífero para la evangelización de esta ciudad tan hermosa. Y ahora quisiera dar la Bendición, pero antes, antes, os pido un favor: antes que el Obispo bendiga al pueblo, os pido que vosotros recéis para el que Señor me bendiga: la oración del pueblo, pidiendo la Bendición para su Obispo. Hagamos en silencio esta oración de vosotros por mí....
Ahora daré la Bendición a vosotros y a todo el mundo, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.
(Bendición).
Hermanos y hermanas, os dejo. Muchas gracias por vuestra acogida. Rezad por mí y hasta pronto. Nos veremos pronto. Mañana quisiera ir a rezar a la Virgen, para que proteja a toda Roma. Buenas noches y que descanséis.

Papa Francisco

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El cardenal Jorge Mario Bergoglio, S.I., arzobispo de Buenos Aires (Argentina), Ordinario para la Fe de Rito Oriental de los residentes en Argentina y desprovisto de Ordinario del mismo rito, nació en Buenos Aires el 17 de diciembre de 1936. Estudió y se diplomó como Técnico Quimico, para después escoger el camino del sacerdocio y entrar en el seminario de Villa Devoto.

El 11 de marzo de 1958 ha ingresado en el noviciado de la Compañía de Jesús, ha realizado estudios humanísticos en Chile, y en 1963, de regreso a Buenos Aires, se ha licenciado en Filosofía en la Facultad de Filosofía del Colegio «San José» de San Miguel.

De 1964 a 1965 fue profesor de Literatura y Psicología en el Colegio de la Inmaculada de Santa Fe, y en 1966 enseñó la misma materia en el colegio de El Salvador de Buenos Aires.

De 1967 a 1970 estudió Teología en la Facultad de Teología del Colegio «San José», en San Miguel, donde se licenció.

El 13 de diciembre de 1969 fue ordenado sacerdote.

En el curso 1970-71, superó la tercera probación en Alcalá de Henares (España) y el 22 de abril hizo la profesión perpetua.

 Fue maestro de novicios en Villa Barilari, en San Miguel (1972-1973), profesor de la Facultad de Teología, Consultor de la Provincia y Rector del Colegio Massimo. El 31 de julio de 1973 fue elegido Provincial de Argentina, cargo que ejerció durante seis años.

Entre 1980 y 1986, fue rector del Colegio Massimo y de la Facultad de Filosofía y Teología de la misma casa y párroco de la parroquia del Patriarca San José, en la diócesis de San Miguel.

En marzo de 1986, se trasladó a Alemania para concluir su tesis doctoral, y sus superiores lo destinaron al colegio de El Salvador, y después a la iglesia de la Compañía de Jesús, en la ciudad de Cordoba, como director espiritual y confesor.

El 20 de mayo de 1992, Juan Pablo II lo nombró obispo titular de Auca y auxiliar de Buenos Aires. El 27 de junio del mismo año recibió en la catedral de Buenos Aires la ordenación episcopal de manos del cardenal Antonio Quarracino, del Nuncio Apostólico Monseñor Ubaldo Calabresi y del obispo de Mercedes-Luján, monseñor Emilio Ogñénovich.

El 13 de junio de 1997 fue nombrado arzobispo coauditor de Buenos Aires, y el 28 de febrero de 1998, arzobispo de Buenos Aires por sucesión, a la muerte del cardinal Quarracino.

Fue elegido Papa el 13 de Marzo de 2013, por el Cónclave que se realizo por la renuncia del Papa Benedicto XVI, que renunció por su deteriorado estado de salud.

Pedro Calungsod, joven martir

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¿Qué tienen en común San Esteban, el Apostol San Pedro y Pedro Calungsod, un adolescente filipino? Todos ellos fueron perseguidos por no negar su fe católica. La vida del beato Pedro Calungsod fue corta, pero intensa. Era catequista, y siendo adolescente, acompañó a unos misioneros jesuitas a las Islas Marianas.

Allí, muchos se convirtieron gracias a su trabajo. Sin embargo, al ayudar a bautizar a la hija del jefe de una tribu con el consentimiento de la madre, Pedro fue ejecutado por el enfado del padre de la familia. Tenía sólo 18 años.

MERCEDES A. TUASÓN
Embajadora de Filipinas ante la Santa Sede
“Fue martizado en Guam. Acompañó a un sacerdote que también fue martirizado por odio a la fe. Pedro no huyó, permaneció y también fue martirizado.”

Para preparar la canonización los filipinos han organizado un triduo de oración en Roma en iglesias tan importantes como el “Gesù” y “Santa María Mayor”. Su embajador ante el Vaticano dice que la gente en Filipinas está entusiasmada.

MERCEDES A. TUASÓN
Embajadora de Filipinas ante la Santa Sede
“Pedro Calungsod será nuestro segundo Santo canonizado. Estamos muy entusiasmados. Sobre todo la juventud filipina. Fue un mártir y estamos muy orgullosos. Sabemos que unos 10.000 filipinos vendrán a la canonización, provenientes de Filipinas y de otros países del mundo.”

Además, la canonización de Pedro Calungsod es una de las que se puede denominar 2.0; es decir, digital porque este futuro Santo tiene perfil en Twitter o Facebook, donde se cuentan todos los preparativos para llevar a los altares al segundo Santo filipino.
Para antes
(se puede rezar con el sacerdote
en la sacristía antes de salir)

Ayúdame a estar muy atento
para reconocerte en seguida en la persona del sacerdote,
a escuchar con provecho tu Palabra,
a alimentarme dignamente con tu Cuerpo y tu Sangre,
y a reconocerte presente
en medio de la asamblea de los hermanos.
Ayúdame a servir a tu altar como tú mereces,
a hacerlo todo con diligencia y eficacia,
y, sobre todo, a hacerlo por tu amor.
Sí, que todo mi actuar sea, Señor,
expresión del amor con el que quiero amarte,
puesto que sólo en ti encuentro la paz y la alegría.
Ayúdame, Madre de Dios y madre mía,
tú que nos dijiste a todos: "Haced lo que él os diga".
Amén.

Para después
(se puede rezar ante el Sagrario después de recoger)
Señor,bendito seas por el gran don de la Eucaristía.
Una vez más me has querido cerca de tu altar,

¡BIENVENIDOS MONAGUILLOS!

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